El gorila llevaba 12 años sin dejar que nadie lo tocara… hasta que esta mujer hizo lo impensabl

El gorila llevaba 12 años sin dejar que nadie lo tocara… hasta que esta mujer hizo lo impensabl

A los seis meses, Kuma dejó de acicalar a las hembras del grupo. El acicalamiento es fundamental en la vida social de los gorilas, es cómo construyen lazos, cómo demuestran afecto, cómo mantienen la cohesión del grupo. Kuma había renunciado a todo eso. A los ocho meses comenzó a rechazar sus alimentos favoritos, los mangos que antes devoraba con entusiasmo, quedaban intactos en su plato.

Al año de la partida de Elena ocurrió el primer incidente violento. Un cuidador nuevo, entusiasmado e ingenuo, decidió que iba a ser él quien reconectara con Kuma. Ignoró las advertencias. Kuma lo envistió contra la pared antes de que pudiera reaccionar. No hubo mordida, no hubo golpes directos. Fue una demostración de poder brutal y controlada, como si Kuma estuviera diciendo: “No te quiero aquí. Sal.” El cuidador renunció al día siguiente.

Y así comenzó el patrón. Durante los años siguientes, Kuma se volvió predecible solo en su impredecibilidad. Había días en que permanecía inmóvil durante horas, una estatua de músculo y melancolía. Otros días golpeaba las paredes hasta que sus nudillos sangraban. Los veterinarios intentaron medicación. Los efectos fueron mínimos y temporales. Trajeron otros gorilas pensando que nueva compañía podría estimularlo. Kuma los toleraba a distancia. Nunca más permitió que ninguno se acercara lo suficiente para tocarlo.

Un primatólogo de renombre internacional fue invitado a evaluarlo. Después de tres días de observación, su conclusión fue devastadora: “Este gorila ha sufrido un trauma emocional profundo. Ha decidido a nivel psicológico que el dolor de la conexión no vale la pena. Se ha autoexiliado emocionalmente.”

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