A los 64 años, Elena Robles estaba cansada.
No cansada físicamente, aunque también. Era un agotamiento más profundo, de esos que se acumulan durante décadas de responsabilidades, sacrificios y silencios.
Había pasado más de cuarenta años levantando una empresa textil desde cero después de quedar viuda muy joven. Mientras otros dormían, ella negociaba contratos, revisaba cuentas, enfrentaba bancos y resolvía problemas. Todo por un solo motivo: darle un buen futuro a su hijo.
Leave a Comment