Las causas pueden variar de una persona a otra, pero las causas más comunes pueden ser, exposición prolongada a ruidos fuertes, como música a alto volumen o ambientes laborales ruidosos, pérdida auditiva progresiva, especialmente relacionada con la edad.
También puede influír la acumulación de cerumen o infecciones del oído, cambios en la circulación sanguínea, que pueden provocar zumbidos rítmicos, estrés, ansiedad o fatiga, que pueden intensificar la percepción del sonido.
En muchos casos, el cerebro interpreta señales alteradas provenientes del oído interno y las traduce como un sonido que no existe externamente.
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