En mayo, mientras empujaba la comida en su plato, soltó la frase que ya venía ensayando:
—Quiero el divorcio.
Sin lágrimas. Sin explicación real. Solo un discurso preparado.
Luego enumeró lo que se llevaría:
- La casa
- El Lexus
- Las cuentas de ahorro
- Las inversiones
- La casa del lago
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