Valeria, en cambio, resurgió. Tomó las riendas del Grupo Garza. Multiplicó su fortuna y cerró 100 contratos internacionales, demostrando que la mejor venganza es 1 éxito aplastante.
Años después, en los enormes jardines de su casa en Guadalajara, Valeria observaba a su hijo correr, lleno de luz y energía. El niño dio 1 paso, luego 2, y soltó 1 carcajada que borró cualquier rastro del oscuro pasado. Valeria sonrió con paz genuina. Ellos quisieron jugar a destruir 1 vida, pero al final, ella y su hijo fueron los únicos que realmente aprendieron a vivir.
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