Elena viajó a la capital para hospedarse en casa de Ricardo, un viejo amigo y abogado de confianza.
Esa misma tarde, la cámara detectó movimiento.
Tres vehículos lujosos entraron a la finca levantando polvo por el camino de tierra.
Paola bajó primero, vestida completamente de blanco y con tacos altos, claramente inapropiados para el campo.
Los demás comenzaron a bajar maletas como si fueran a instalarse un mes entero.
Martín abrió la puerta principal.
Y se quedó congelado.
En medio de la sala había caballos.
Uno mordisqueaba unas flores.
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