—¡No vas a poder sola! ¡Eres 1 fracasada!
Valentina lo sentenció por el micrófono:
—Destruir tu carrera será mi pasatiempo de mañana.
Ernesto Aguilar se acercó a ella con 1 respeto reverencial.
—Valentina… el consejo y yo estaríamos honrados si aún desea tomar la Dirección Regional.
—Lo haré —respondió ella—. Pero antes, necesito que todos entiendan que el shampoo no fue lo peor que Diego hizo.
Esa última frase dejó a los invitados helados.
Esa misma madrugada, a la 1:00 AM, en 1 suite presidencial, 1 barbero profesional terminó de rasurarle el cráneo con 1 máquina. Sola frente al espejo, viendo su cabeza lastimada, Valentina por fin se permitió llorar. No lloró por el cabello. Lloró por el duelo de la traición, por la violencia de ser atacada en su propio santuario por el hombre al que amaba.
Pero las lágrimas duraron poco. A las 2:00 AM llegó Rebeca, su abogada, con 1 notario, 3 carpetas legales y 1 computadora.
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