Aunque alguien ya no tenga la fuerza física de antes, puede influir profundamente en su familia y en el mundo a través de la oración.
En muchas tradiciones religiosas se enseña que la oración constante:
- protege a los seres queridos
- fortalece a quienes atraviesan crisis
- abre caminos invisibles
- sostiene espiritualmente a la comunidad
A veces, quienes parecen tener menos actividad exterior cumplen una función interior mucho más poderosa.
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