Hija decide CANTAR en el velorio de su madre, pero al notar los OJOS de la anciana, ¡queda en SHOCK…

Hija decide CANTAR en el velorio de su madre, pero al notar los OJOS de la anciana, ¡queda en SHOCK…

Beatriz respiró hondo y continuó ignorando el tono exaltado de la sobrina. No es solo eso. Carmen me hizo prometer que no permitiría que algo así ocurriera. Es demasiado doloroso para nosotras, dijo pasándose la mano por el rostro como si intentara apartar recuerdos antiguos. Lucía frunció el ceño completamente confundida. Antes de que pudiera responder, la tía añadió, “Existen cosas que van mucho más allá de lo racional, sobrina mía, y a veces solo queremos dejar todo atrás sin seguir sufriendo por ello.” La joven desvió la mirada hacia la fosa.

Los golpes continuaban insistentes, desesperados. Cada sonido parecía un pedido de auxilio. El peso de las palabras de la tía cayó sobre ella como una piedra. La duda lo invadió todo. No sabía si debía seguir los consejos de su tía o confiar en el sonido que venía desde la tierra. Beatriz suspiró una vez más, apartó la mirada de las palas de los sepultureros y comenzó a fijarse en un punto distante del horizonte del cementerio. Su voz salió más ronca, cargada de un pasado que había intentado ocultar durante décadas.

Entonces dijo con un tono grave, “Voy a contarte la verdad sobre el verdadero motivo por el que no debes intentar desenterrar a tu madre. Todo comenzó hace 40 años, en una época en la que el silencio era la única forma de seguir con vida.” La historia regresó en el tiempo, exactamente cuatro décadas atrás. En aquel periodo, Carmen y Beatriz tenían apenas 20 años. Vivían en un país sumergido en una dictadura militar severa, donde cualquier palabra mal dicha podía costar caro.

El pueblo donde vivían era apartado, rodeado de extensas plantaciones y caminos de tierra, pero ni siquiera allí el brazo del gobierno dejaba de alcanzar. Soldados aparecían de vez en cuando, imponiendo miedo y vigilancia. Las dos hermanas pasaban los días trabajando en un mercado local. Vendían las frutas y verduras que su padre, Javier cultivaba con mucho esfuerzo en la finca de la familia. Javier era un hombre sencillo, de pocas palabras, que creía que el trabajo honrado era la única forma de sobrevivir sin llamar la atención.

Carmen era una joven humilde, de sonrisa fácil, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitara. No se quejaba de la rutina pesada, del sol fuerte ni de las manos siempre sucias de tierra. Le gustaba la paz del campo y no tenía grandes ambiciones más allá de vivir con tranquilidad y seguridad. Beatriz, por el contrario, era completamente diferente. Tenía una personalidad fuerte. inquieta y detestaba el olor de la tierra, los animales de la finca y principalmente a las personas del pueblo a quienes consideraba ignorantes.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top