Antonio tomó una silla vacía y se sentó frente a ella, manteniendo una postura tranquila. Entonces respondió, “Porque yo tampoco estoy de acuerdo con lo que se hizo. Mi padre cumple órdenes, pero yo quiero hacerlo diferente. ¿Podemos hablar sin que intentes echarme con la mirada?”, imploró el joven. Contra sus propias expectativas, Carmen no se levantó. La conversación entre ambos comenzó a fluir de una manera inesperada. Antonio no mostraba arrogancia ni superioridad como los demás militares. Escuchaba con atención, hacía preguntas y parecía realmente interesado en el futuro del pueblo.
Mientras tanto, Beatriz observaba todo desde lejos, con el rostro endurecido, consumida por la furia de haber sido rechazada y de ver a su hermana humilde conversando con el joven más importante de la fiesta. Mientras Carmen y Antonio hablaban sobre cosechas, agua y las dificultades del campo, una mirada atenta los observaba. Cerca de allí, el coronel Ramírez, un hombre de mirada fría, postura rígida y una cicatriz marcada en el rostro, seguía cada gesto de su hijo. Tras unos segundos se acercó a la mesa y dijo con ironía velada, “Antonio, no sabía que tenías interés por la agricultura local de una forma tan personal”, comentó entrelazando las manos detrás del cuerpo.
Antonio se levantó de inmediato y respondió con respeto, “Padre, esta es Carmen. Es hija de uno de los productores que usted mencionó hoy más temprano.” La presentó manteniendo la voz firme. El coronel Ramírez miró a Carmen de arriba a abajo, como si evaluara un objeto sin valor. Luego habló con desprecio. “¡Interesante. Espero que tu padre sea tan productivo como su hija es. aplicada en hacer amistades”, dijo con una sonrisa fría. Carmen sintió el insulto arderle en el pecho.
Abrió la boca para responder, pero Antonio le tocó suavemente el brazo pidiéndole silencio. Entonces le dijo al padre, “Ella solo me estaba explicando las dificultades de las cosechas, padre. Nada de lo que usted deba preocuparse ahora”, habló intentando dar por terminado el asunto. Sin responder, el coronel se dio la vuelta y se alejó. Carmen observó al hombre marcharse y luego miró a Antonio. Con la mirada dura dijo, “Tu padre es exactamente como lo imaginaba. ¿Por qué dijiste que quería arreglar las cosas?”, cuestionó.
Antonio suspiró mostrando cansancio y respondió, “Porque quiso hacerlo, pero lo hace a su manera. Yo voy a intentar hacerlo a la mía. ¿Me darías la oportunidad de demostrarlo visitando el mercado mañana?”, preguntó con sinceridad. Carmen dudó durante unos segundos. Al final respondió con cautela. El mercado es público, puedes ir si quieres”, dijo sin prometer nada. Al día siguiente, Antonio apareció en el puesto de la familia. No llevaba uniforme, lo que llamó de inmediato la atención de los vecinos.
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