Otro error frecuente es automedicarse. Muchos lo hacen porque están acostumbrados a ciertos medicamentos o porque les da pereza ir al médico. Pero la automedicación en la tercera edad puede tener consecuencias fatales. Una pastilla aparentemente inofensiva puede interactuar con otros medicamentos, alterar la presión, afectar el corazón o dañar los riñones. A esta edad, cualquier fármaco debe ser supervisado. No vale la pena arriesgarse.
También está el error de no hacerse chequeos médicos regulares. Algunos adultos mayores sienten que “mientras no me duela nada, estoy bien”, pero la realidad es que la mayoría de las enfermedades en su etapa inicial no duelen. Un chequeo al año puede detectar problemas antes de que se conviertan en amenazas. Es una inversión mínima para una ganancia enorme: más vida y mejor calidad de vida.
Incluso el estado emocional juega un papel vital. Muchos adultos mayores se llenan de preocupaciones y estrés, sienten que ya no tienen un propósito claro o que dependen demasiado de otros. Esa carga emocional afecta directamente al cuerpo: sube la presión, aumenta la inflamación, baja las defensas. El bienestar emocional es tan importante como el físico.
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