Con el paso de los años, muchas personas comienzan a notar algo que les duele profundamente: las visitas de familiares, hijos o nietos se vuelven cada vez más cortas.

Llegan, saludan, conversan unos minutos… y se van antes de lo esperado.
Aunque muchas veces se culpa al ritmo de vida moderno o a la falta de tiempo, la realidad es que ciertos hábitos pueden influir mucho en cuánto tiempo desean quedarse las personas cuando visitan a un adulto mayor.
No se trata de juzgar ni criticar, sino de comprender algunos comportamientos que, sin querer, pueden hacer que los demás se sientan incómodos o apurados por irse.
Estos son algunos de los más comunes.
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