Cuando finalmente se levantó para marcharse, les dijo a Antonio y Carmen que tenía una propuesta que hacerles. Una propuesta que podría cambiar sus vidas si estaban dispuestos a aceptarla. Antonio y Carmen se miraron confusos pero intrigados. Carlos explicó que poseía un hotel en Madrid, el Mendoza Palace, Madrid, y que en aquel hotel necesitaban un conserge, alguien que se ocupara del mantenimiento general, de las pequeñas reparaciones, del buen funcionamiento diario. El trabajo venía con un alojamiento, un pequeño apartamento dentro del establecimiento.
Antonio no conseguía hablar. Miraba a Carlos intentando entender si era una broma, un sueño, una alucinación causada por el hambre. Pero Carlos, hablaba en serio. Dijo que había visto en Antonio cualidades raras, dignidad, honestidad, una ética de trabajo evidente por la forma en que hablaba de su pasado en la construcción. Carmen empezó a llorar silenciosamente. No podía creer que su suerte estuviera cambiando así en un solo día, gracias a una tarta que nunca habían comprado. Pero había más, continuó Carlos.
Carmen necesitaba atención médica y él proveería. Tenía a los mejores médicos a su disposición y Carmen tendría acceso a todos los exámenes, todos los tratamientos necesarios. No por caridad, precisó, sino porque era lo correcto. Antonio finalmente encontró las palabras. Preguntó, ¿por qué? ¿Por qué un hombre que no los conocía hacía todo esto por ellos? Carlos permaneció en silencio durante un largo momento. Luego habló de Lucía, su esposa. Habló de cómo la había perdido, de cómo todo su dinero no había servido para nada.
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