—¡Es mi nuera, mi propiedad! Seguro la escuincla se escapó para hacerse la víctima.
El escándalo atrajo las miradas de 15 personas en la sala de espera. El doctor Salcedo salió de su consultorio.
—La señora Marisol fue trasladada por seguridad de la Fiscalía. Presenta lesiones brutales que son 100 por ciento compatibles con golpes de 1 objeto contundente. Manifestó terror de regresar por violencia familiar.
El color abandonó el rostro de Raúl.
—Doctor, esto es 1 malentendido. Ella se tropezó.
—No lo parece, señor Montes. Su fractura no corresponde a 1 caída.
Doña Berta comenzó a manotear.
—¡Esa mujercita está mal de la cabeza!
1 señora mayor en el pasillo señaló a los Montes.
—Son ellos. Los desgraciados que la dejaron tirada como animal.
La expresión de Raúl se transformó en pánico por su reputación. Don Víctor jaló a su esposa y empujaron a su hijo hacia el elevador. Huyeron como cobardes. Escondida, Marisol sintió la precisión de la justicia. Cada pieza estaba cayendo en su lugar.
Esa tarde, el teléfono vibró. Era Raúl desde 1 número oculto. Marisol presionó grabar.
—Dime en qué hospital estás escondida.
—¿Para qué, Raúl? ¿Para que termines el trabajo de tu mamá?
Leave a Comment