Los oficiales de la policía municipal llegaron en menos de 15 minutos, bloqueando la entrada de urgencias con 2 patrullas.
Arturo apareció en la sala de espera poco después. Llevaba una camisa limpia, el cabello perfectamente peinado y esa máscara de hombre decente y preocupado que usaba para engañar a todo el mundo. Elena corrió a su lado, actuando nerviosa pero firme, como si ya hubieran ensayado el guion en el trayecto.
“Fue 1 accidente terrible, oficial”, dijo Arturo con voz suave y paternal, ofreciéndole la mano al policía. “Sofía siempre ha sido muy dramática y rebelde. Está en esa edad difícil, ya sabe cómo son los adolescentes hoy en día.”
Elena asintió rápidamente, limpiándose 1 lágrima falsa. “Se cayó. Yo la vi muy alterada. A veces ella misma se lastima cuando se frustra e inventa cosas para llamar la atención.”
La oficial Vargas, una mujer de mirada penetrante, observó a la pareja desde la puerta del cubículo. No los miró con lástima, sino con el instinto afilado de alguien que ha visto demasiados encubrimientos.
“Sofía, ¿puedes decirme qué pasó realmente?”, preguntó la oficial, acercándose a la camilla.
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