—¿1 testamento? Por favor. Todo lo que tenía se lo compró Sebastián.
Ignorando el comentario, el abogado rompió el sello del sobre con 1 abrecartas.
—Procedo a leer —dijo, ajustando el micrófono—. “Yo, Lucía Ramírez, en pleno uso de mis facultades mentales, dejo la totalidad de mis bienes personales, cuentas de inversión bancarias, la casa de descanso en Chapala, y, lo más importante, mi 13 por ciento de acciones con derecho a voto dentro de Laboratorios Santillán, a mi madre, Elena Ramírez”.
Sebastián palideció tan rápido que parecía que le hubieran drenado la sangre. Dio 1 paso amenazador hacia el abogado.
—¡Eso es 1 estupidez! —gritó, olvidando por completo dónde estaba—. ¡Lucía no tenía acciones! ¡Esa empresa es mía!
El licenciado Méndez no retrocedió. Lo miró con 1 frialdad calculada.
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