Esa última frase dejó a los invitados helados.
Esa misma madrugada, a la 1:00 AM, en 1 suite presidencial, 1 barbero profesional terminó de rasurarle el cráneo con 1 máquina. Sola frente al espejo, viendo su cabeza lastimada, Valentina por fin se permitió llorar. No lloró por el cabello. Lloró por el duelo de la traición, por la violencia de ser atacada en su propio santuario por el hombre al que amaba.
Pero las lágrimas duraron poco. A las 2:00 AM llegó Rebeca, su abogada, con 1 notario, 3 carpetas legales y 1 computadora.
Valentina no durmió 1 solo segundo.
Firmó el divorcio. Firmó el bloqueo de las 4 cuentas mancomunadas. Canceló 1 docena de tarjetas, seguros y fideicomisos. Gestionó 1 orden de restricción y el cambio de chapas de su residencia en Las Lomas.
A las 7:00 AM, Diego intentó pagar 1 café y 1 habitación de motel. Su tarjeta rebotó. Intentó con 1 segunda. Declinada. La corporativa estaba cancelada.
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