Fue entonces cuando Doña Teresa perdió los estribos y la compostura de “señora de sociedad”.
—¡Ya basta de esta ridiculez! —chilló la anciana, caminando hacia el escenario con prepotencia—. ¡Siempre has sido 1 víbora que quiere opacar a mi hijo! ¡Eres 1 mala mujer, fría y calculadora! ¡Una esposa decente no monta estos teatros, respeta a su marido y se queda callada!
Valentina no alteró su postura.
—La única calculadora aquí es usted, Doña Teresa. Tan calculadora como cuando el martes pasado le envió 1 audio a Diego diciendo que 1 mujer como yo necesitaba, y cito, “1 buena lección para recordar que su lugar es servirte en la casa y no jugar al empresario”.
La presión arterial de la suegra pareció desplomarse; cayó pesadamente sobre 1 silla cercana, abanicándose con desesperación.
Diego, viendo su imperio derrumbarse, intentó subir al escenario de 1 salto.
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