“¡Es mi esposa, es su deber ayudarme!” escupió Roberto, mostrando su verdadera naturaleza.
Arturo endureció el tono. “Esa no fue mi pregunta.”
Elena respondió firme: “No. Nunca recibí 1 solo peso.”
En ese momento, Valeria, viendo que el barco se hundía, se acercó corriendo. “¡Yo no tengo nada que ver! ¡Roberto me obligó! Él me dijo que Elena era una tonta que solo acomodaba archivos, él manejaba las cuentas de R&V, ¡yo solo firmaba!”
“¡Maldita traidora, cállate!” gritó Roberto. La red de mentiras y arrogancia que había construido durante 12 años se hizo polvo en menos de 2 minutos.
Arturo le entregó la carpeta a su abogada. “Señor Salazar, está usted despedido con efecto inmediato. Mi equipo legal iniciará una auditoría mañana a las 8 de la mañana. Seguridad, escolten a este hombre a la salida.”
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