—Mi abogada ya inició el proceso de divorcio. A ti, Mariana, te veo en los juzgados por adulterio y abuso de confianza. A ti, Valeria, el banco te buscará por los 850000 pesos firmados con tu puño y letra. Si dices que no firmaste, enfrentarás cargos por fraude. Si aceptas que firmaste, es tu deuda.
Valeria miró a su madre, con los ojos llenos de lágrimas y terror.
—¡Mamá, dile que es mentira! ¡Dile para qué era ese dinero!
Mariana rompió a llorar, cubriéndose el rostro. En ese preciso instante, la joven de 21 años comprendió que la copa de vino derramada no fue el inicio de su ruina, sino el momento en que le quitó la venda de los ojos al único hombre que las había protegido.
El divorcio fue brutal, pero rápido. Mariana no tuvo cómo defenderse y aceptó asumir la enorme deuda para evitar que su hija pisara la cárcel. Arturo vendió la mansión en las Lomas, le dio a Mariana exactamente el 50% de lo que dictaba la ley, y se compró 1 departamento moderno y luminoso en la colonia Narvarte, libre de mentiras y gente parásita.
Valeria perdió su vida de princesa. Tuvo que desalojar el departamento, entregar la camioneta y despedirse de sus amigos de la alta sociedad que le dieron la espalda al saber que estaba en la ruina. Entró a trabajar como cajera en 1 tienda departamental y se inscribió en 1 universidad pública, viajando en metro todos los días.
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