A primera hora, la hija la llamó preocupada:
“Mamá, me dijeron que no entraste… Yo quería que estuvieras. Fue un malentendido, mamá, por favor no te molestes.”
Pero la madre ya había entendido lo que debía entender.
“No hija, no fue un malentendido. Me dijiste claramente que no había sitio para mí.”
Su voz tranquila decía más que cualquier reclamo.
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