—Perdón, te debí lastimar —dijo rápidamente.
Daniel sonrió con ternura, tomó 1 manta delgada y se la acomodó sobre las piernas para protegerla del frío del aire acondicionado.
—Nunca tienes que pedir perdón por descansar a mi lado —respondió él con voz cálida.
Esa simple frase desató 1 par de lágrimas en los ojos de Mariana. Daniel tomó su mano con firmeza, dándole 1 seguridad absoluta. Ella miró por la ventanilla, observando las nubes bajo el avión, y comprendió algo fundamental. Alejandro pensó que la había humillado y Valeria pensó que le había robado 1 trofeo. Pero la realidad era que, entre los 2, le habían hecho el favor más grande de su vida. Le habían devuelto su libertad, su amor propio y su dignidad.
Mientras ellos vivían atrapados en las ruinas de su propia traición, Mariana había ganado 1 vida entera. Y esa, sin necesidad de alzar la voz, fue la venganza perfecta.
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