—Esos angelitos me parten el alma —continuó Rosa, limpiándose 1 lágrima furtiva—. Yo me crie en un orfanato en Oaxaca. Sé lo que es el hambre y sé lo que es el miedo. Y no voy a permitir que esa bruja los destruya, aunque me cueste la vida.
Esa declaración de lealtad absoluta hizo que a Arturo se le llenaran los ojos de lágrimas. Se dio cuenta de que el dinero no compraba la decencia, ni la clase, ni el amor verdadero. Esa joven humilde estaba demostrando tener 1 corazón mil veces más valioso que todas las amistades de alta sociedad que frecuentaban su casa.
Pero el punto de quiebre absoluto llegó el día 8 de su infiltración.
Arturo había logrado colar 1 pequeño micrófono de alta tecnología debajo de la mesa de la terraza principal. Esa noche, mientras limpiaba sus herramientas de jardinería en el pequeño cuarto de servicio que le habían asignado, se puso los auriculares para escuchar la grabación del día. Lo que oyó lo dejó paralizado.
Era la voz de Paola, hablando por teléfono celular con 1 hombre.
—Todo va perfecto, mi amor —decía Paola entre risas cínicas—. El idiota de Arturo sigue en Monterrey, creyendo que soy la madre Teresa de Calcuta. Los mocosos ya le tienen tanto terror que ni siquiera se atreven a quejarse por teléfono.
Hubo 1 pausa, seguida de 1 respuesta inaudible del otro lado de la línea.
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