—¡Vaya, el princeso regresó! Pues qué bonita reunión familiar, pero esta vieja tiene 1 cuota que cumplir. Si te la llevas, Don Eladio les quita la casa hoy mismo.
Samuel se levantó lentamente. Sus ojos, antes llenos de dolor, ahora ardían con 1 furia fría y calculadora.
—¿Cuánto se supone que debe mi madre? —preguntó, sacando 1 chequera de su bolsillo interior.
El capataz sonrió con malicia. —Entre intereses, atrasos y penalizaciones… son 850000 pesos. 1 fortuna que 1 muertodehambre como tú jamás verá en su vida.
Samuel ni siquiera parpadeó. Escribió la cifra, firmó con pulso firme, arrancó el cheque y se lo pegó en el pecho sudoroso al capataz.
—Aquí hay 1000000 de pesos. Quédese con el cambio. Pero escúcheme bien, pedazo de animal: si usted o su patrón vuelven a mencionar el nombre de mi madre, me voy a encargar de que no haya piedra en este país donde puedan esconderse.
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