Chelo dejó 1 plato en la mesa, se secó las manos en el delantal y le acarició el cabello con infinita ternura.
—A veces, mi niño hermoso, para salvarle la vida a alguien, solo hace falta tener el valor de escuchar lo que todos los demás prefieren ignorar.
Desde el marco de la puerta de madera, Arturo los observaba en silencio, secándose 1 lágrima furtiva. Sabía que la culpa de no haberle creído a su propia sangre lo acompañaría hasta el último de sus días. Pero también sabía, con absoluta certeza, que la verdadera justicia y el amor incondicional habían nacido la madrugada en que 1 mujer valiente decidió romper 1 yeso… destrozando con él la mentira más cruel del mundo.
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