Cociné La Comida del Domingo Para Mi Hija… y Me Gritó: Ya No Eres Familia, Mamá, Lárgate…

Cociné La Comida del Domingo Para Mi Hija… y Me Gritó: Ya No Eres Familia, Mamá, Lárgate…

Cris abrió su laptop de inmediato. ¿Quieren café?, pregunté con mi mejor sonrisa de anfitriona. Melissa asintió distraída mientras revisaba sus papeles. Sí, mamá, gracias, pero no te molestes mucho. Esto no va a tomar tiempo. No te molestes mucho. Como si servirles fuera una carga para mí, fui a la cocina y preparé el café, aprovechando para activar discretamente mi grabadora digital. La escondí en la charola entre las servilletas. Cada palabra quedaría grabada para la posteridad. Regresé a la sala y serví el café.

Crris ya tenía su presentación lista en la pantalla. Mira, Claudia, este es el local me mostró fotos de un espacio comercial muy bonito. Está en una zona con muchísimo flujo de jóvenes que es nuestro mercado ideal. Melissa sacó unos papeles de su carpeta rosa. Mamá, aquí están todos los números. La inversión inicial es de 200,000 pesos, pero mira estas proyecciones de ganancias. Me enseñó unas gráficas que parecían hechas por un niño con números claramente inventados. Se ve interesante”, dije tomando mi café lentamente.

“¿Y por qué necesitan que yo invierta? ¿No pueden obtener un préstamo del banco?” Melissa y Cris se miraron rápidamente. “Bueno, Claudia, los bancos son complicados”, dijo Cris. “Piden muchos requisitos y cobran intereses muy altos.” “Además, mamá”, añadió Melissa con esa voz dulce que usaba cuando quería algo, “pensamos que sería bonito que fuera un negocio familiar. Tú serías nuestra socia. No solo la inversionista socia como si me fueran a dar control real de algo. ¿Y qué garantías ofrecen?

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