Su esposo llegó riendo al funeral con la amante, sin saber que la esposa embarazada dejó 1 trampa maestra para destruirlos frente a todos
Mariana era la asistente ejecutiva de Sebastián y, desde hacía 8 meses, el secreto peor guardado de la familia. Llevaba 1 vestido negro demasiado ajustado para la ocasión, 1 tocado de red que apenas cubría sus ojos maquillados y unos labios pintados de un rojo desafiante. Sus tacones de aguja resonaban contra el piso de piedra como si estuviera marcando el ritmo de su victoria.
Los murmullos estallaron de inmediato en las bancas. Las tías de Lucía se persignaron, escandalizadas. Los socios de Laboratorios Santillán, la empresa del viudo, intercambiaron miradas incómodas.
Sebastián caminó por el pasillo central, cambiando su expresión a 1 máscara de dolor fingido conforme se acercaba al frente. Dejó a Mariana a unos pasos y se paró frente a Elena.
—Doña Elena —susurró él, con una voz que derramaba falsa piedad—. Qué tragedia tan incomprensible. No tengo palabras.
Antes de que Elena pudiera responder, Mariana dio 2 pasos al frente, invadiendo el espacio personal de la madre devastada. El olor de su perfume dulce y abrumador golpeó a Elena, revolviéndole el estómago. Mariana se inclinó ligeramente, acercando sus labios rojos al oído de Elena.
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