“Durante 12 años pensé que si era perfecta, si trabajaba de madrugada para ti, si guardaba silencio, algún día me valorarías. Pero sí me viste, Roberto. Viste lo útil que era para robarme mis ideas. Solo esperabas que yo nunca me diera cuenta de mi propio valor. Y si soy una don nadie, entonces esta noche, lo acabas de perder absolutamente todo contra una don nadie.”
Los guardias se lo llevaron a rastras. Valeria lloraba desconsolada mientras la abogada le pedía su teléfono corporativo. Cuando el escándalo cedió, Arturo se acercó a Elena con una suavidad que contrastaba con el poder que acababa de ejercer.
“Tenemos que hablar, Elena. Por favor.”
1 hora más tarde, en la sala VIP del hotel, Arturo sacó de su billetera una fotografía desgastada por el tiempo. En la imagen, 2 jóvenes sonreían frente a un puesto de churros en una feria de Jalisco. Ella llevaba un vestido amarillo; él la abrazaba por los hombros.
“Me dijeron que habías muerto”, confesó Arturo, con la voz rota.
Elena sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. “¿Quién te dijo eso?”
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