En cuanto a la cirugía, los especialistas reportaron que fue bien tolerada. Los efectos secundarios observados —como leves aumentos de presión ocular— fueron temporales y respondieron al tratamiento estándar. Una vez superada la intervención, cada paciente inició un programa de entrenamiento visual para aprender a interpretar las señales generadas por el chip. Este proceso es clave, ya que el cerebro necesita adaptarse a una nueva modalidad de estímulo.
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