—Significa que nunca fue tu casa.
El color empezó a desaparecer de su rostro.
—¿Entonces qué era?
—Una prueba.
—¿Una prueba?
—Para ver qué hacías cuando pensabas que todo era tuyo.
Sofía tomó el documento con manos temblorosas.
—Esto es ridículo.
—Tal vez.
Javier dejó el vaso de whisky sobre la mesa.
—Papá… esto no es gracioso.
—No pretendía serlo.
Lo miré a los ojos.
—Vendí la casa esta mañana.
Nadie habló.
—¿Qué?
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