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Aquella primera noche hizo panqueques para cenar.
Papel tapiz desconchado. Libros apilados por todas partes. El olor permanente a canela, páginas viejas y detergente para la ropa. El suelo crujía exactamente en tres sitios.
Aquella primera noche hizo panqueques para cenar.
“Los panqueques son para las emergencias”, dijo, dando la vuelta a uno que salió con forma de mancha. “Y esto cuenta”.
Me reí, aunque me dolía la garganta.
Así empezamos.
La vida con la abuela era pequeña y ajetreada.
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