LA EMPLEADA RECOGÍA SOBRAS DEL RESTAURANTE — EL MILLONARIO LA SIGUIÓ Y DESCUBRIÓ ALGO IMPACTANTE…

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Pero el miedo no existía en su mente en ese momento. Solo existía la urgencia desesperada de saber qué había sido de Nayeli. Se bajó del vehículo pisando el barro húmedo con sus zapatos italianos. Cerró la puerta sin hacer ruido y comenzó a seguirla a pie, manteniendo la distancia, pegándose a las sombras de los muros sin terminar. El olor a humedad, a leña quemada y a desagüe inundaba el aire. La respiración de Héctor era pesada. Veía la silueta de Nayeli caminar con dificultad por la cuesta empinada, deteniéndose a ratos para recuperar el aliento.

Sus rodillas temblaban por el esfuerzo de cargar las bolsas, pero no se detenía. Había una urgencia en sus pasos. una determinación feroz. Finalmente, Nayeli se detuvo frente a la casa más precaria de toda la cuadra. Era una estructura pequeña casi hundida en el terreno. La puerta no era más que una plancha de metal abollada, asegurada con una cadena delgada. Una luz cálida, amarillenta y muy tenue se filtraba por las rendijas de la puerta. Héctor se ocultó detrás de un muro de bloques de concreto a escasos 10 m.

Su corazón latía con tanta fuerza que le dolía el pecho. La observó Nayel y dejó las bolsas en el suelo de tierra. Se quitó los guantes amarillos con prisa, metió una llave oxidada en el candado y empujó la pesada puerta de metal. La puerta crujió abriéndose lentamente. Héctor contuvo la respiración. Iba a salir de su escondite, iba a gritar su nombre. iba a sacar un cheque, iba a hacer lo que estuviera en su poder para sacarla de ese infierno.

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