Estos pequeños estuches suelen aparecer en lugares poco transitados, como esquinas altas, techos, detrás de muebles, armarios o rincones donde la limpieza no es frecuente. Allí, la larva se desplaza de forma lenta y casi imperceptible, asomando apenas una parte de su cuerpo para avanzar y volver a ocultarse. Esta conducta le permite protegerse de posibles depredadores y pasar desapercibida dentro del entorno doméstico.
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