Cuando el alma ya ha sanado sus heridas terrenales, entra a un plano donde reina la paz interior y el amor universal.
Aquí se producen conexiones con seres de luz, familiares fallecidos, y entidades angélicas. Se percibe una energía envolvente, una comprensión profunda del “todo”. La noción del tiempo y del espacio desaparecen. La conciencia se expande.
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