En este primer plano, las almas se encuentran aún fuertemente conectadas con la realidad física. Aquí, muchas personas fallecidas ni siquiera se dan cuenta de que han muerto. Se aferran a rutinas, lugares y seres queridos. Es una etapa marcada por la confusión espiritual y el apego emocional.
Este nivel es especialmente común en muertes repentinas, violentas o traumáticas. El alma aún vibra en frecuencias bajas y necesita asistencia energética para comprender su transición.
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