El problema se agrava cuando ese mismo celular se utiliza luego en otros entornos sin una limpieza adecuada. Muchas personas lo llevan a la cama, lo apoyan sobre la mesa o lo acercan al rostro, sin considerar que puede estar transportando bacterias. De esta manera, el riesgo se vuelve menos evidente, pero más constante, ya que el contacto con el dispositivo es frecuente a lo largo del día.
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