Me levanté sin prisa. Respiré hondo y hablé con tranquilidad:
Le dije a Gabriela que era libre de irse. Que disfrutara la vida que tanto deseaba.
Luego miré a Camila y Valeria.
Y revelé algo que nadie esperaba escuchar:
Yo no era su padre biológico.
Les conté que las había adoptado cuando eran bebés. Que confié en la historia de infertilidad de Gabriela. Que las crié como si fueran mías, sin hacer diferencias.
Que les di educación, viajes, estabilidad… todo.
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