Un año después la encontré en un restaurante cerca del aeropuerto. Estaba estudiando una maestría en gestión de cadenas de suministro.
Más madura. Más consciente.
Me agradeció por haberla ayudado en aquellos días difíciles.
Reconoció algo importante:
“El respeto y el crecimiento se ganan. No se heredan.”
Nos despedimos con tranquilidad. Sin rencor.
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