FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…

FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…

El pitido constante del monitor cardíaco era el único sonido que rompía el silencio sepulcral de la habitación privada.

Bip… bip… bip…

Regular. Mecánico. Vivo.

Pero Diego Navarro no se movía.

Llevaba cinco días sin abrir los ojos, sin hablar, sin responder a ningún estímulo. Los médicos del Hospital San José Tec de Salud en Monterrey habían agotado todas las palabras posibles: traumatismo craneoencefálico severo, edema cerebral masivo, estado vegetativo persistente, pronóstico reservado.

Su esposa Isabela lloraba en la esquina del cuarto, con lágrimas perfectas que resbalaban por sus mejillas sin estropear su maquillaje Chanel. El vestido negro de luto que llevaba contrastaba dramáticamente con las sábanas blancas, convirtiéndola en la imagen misma de una viuda elegante y desolada.

Parecía salida de una película.

Pero Diego podía escucharla.

Cada palabra, cada suspiro, cada taconeo preciso de sus Louboutin sobre el linóleo.

Porque Diego Navarro no estaba en coma.

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