¿Qué es esto? Certificados bancarios, respondió Fernando. A tu nombre. Esto dice, Marta volvió a leer como si las palabras pudieran cambiar. Esto dice 20 millones de dólares. Sí, estás loco. Ella arrojó los papeles sobre la mesa. ¿Crees que puedes comprarme? ¿Que puedes llegar aquí con dinero y borrar todo? No es eso. Entonces, ¿qué es? Fernando se levantó y caminó hacia la ventana. Afuera, los tres niños jugaban en el patio de tierra. Sofía empujaba a sus hermanos en un columpio hecho con una llanta vieja y cuerda.
Cuando me fui comenzó, firmamos papeles, ¿recuerdas? Firmamos muchas cosas. El matrimonio, la hipoteca de la casa que nunca terminaste de pagar. No, otros papeles. Mi socio, el inversionista, insistió. Dijo que era protección, que si algo me pasaba, tú estarías cubierta. Marta frunció el seño, tratando de recordar. Yo estaba tan emocionada de que te fueras a cumplir tu sueño que firmé sin leer. Confiaba en ti. Ese documento establecía que el 50% de todo lo que yo ganara sería tuyo automáticamente, sin importar si estábamos juntos o no.
Silencio. Un silencio tan profundo que se podía escuchar el viento moviendo las hojas secas del patio. Estás diciendo que que cada edificio que construí, cada proyecto que completé, cada peso que gané en estos 15 años, la mitad siempre fue tuya legalmente, por contrato. Marta se dejó caer en la silla. Sus piernas no la sostenían. Entonces, ¿por qué vivo así? Su voz era apenas un susurro. ¿Por qué mis hijos van descalzos? ¿Por qué comemos frijoles todos los días?
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