Protección, conquista, juego, compañerismo, libertad y distancia no son destinos, son espejos. No hay elecciones correctas o incorrectas. El arquetipo que te atrajo refleja una necesidad actual, no una sentencia para tu vida amorosa.
Lo más importante es recordar esto: los hombres no son la fuente de esas necesidades. Solo las reflejan. Aquello que anhelas —cuidado, reconocimiento, vitalidad, calma, espacio o profundidad— es algo que también puedes empezar a ofrecerte a ti misma.
Cuando eso ocurre, las relaciones dejan de ser una búsqueda desesperada y se convierten en un encuentro más consciente.
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