Los primeros días son de adaptación, visitas frecuentes y llamadas constantes. Pero con el paso de los meses, el mundo exterior se olvida de ti.Las visitas se espacian, los “te prometo que voy el domingo” se repiten y los silencios se hacen más largos.
No porque tu familia no te ame, sino porque la vida sigue y tú quedas fuera de su ritmo. El hogar está lleno de gente, pero muchas veces reina el silencio. Y hay algo profundamente triste en esperar una llamada que no llega.
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