Volví a casa, me quité los zapatos y fui directo a mi despacho. No quería pensar en tristeza, quería pensar en números.
Llamé a mi contador de toda la vida, el licenciado Méndez.
—Necesito que canceles el cheque del salón, el pago del banquete, el de la decoradora y bloquees todas las tarjetas adicionales a nombre de Elena.
—Doña Carmen, si cancelo eso, no van a servir la comida…
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