Cada año, con la llegada del frío, millones de estas bandadas de pájaros pequeños, con plumaje negro, emigran del norte de Europa a Italia, hacia zonas más cálidas. Las hordas de estorninos realizan espectaculares ballets aéreos, perfectamente coordinados, sobre los imponentes monumentos romanos y en ocasiones llegan a oscurecer el cielo bajo la mirada atónita de los transeúntes.
Cuando el sol se pone en el centro de Roma, cinco personas vestidas con monos blancos se colocan bajo los árboles con altoparlantes que emiten una mezcla de sonidos agudos que generan la estampida de las bandadas de estorninos. “Nunca había visto algo así en mi vida… ¡Es increíble!”, confiesa Eva Osuna, una turista española, mientras inmortaliza con su móvil las aves sobre un cielo que se va tiñendo con los colores resplandecientes del legendario atardecer romano.
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