Muchos de estos objetos contienen sustancias conocidas como disruptores endocrinos. Son compuestos químicos capaces de imitar o bloquear hormonas naturales, alterando funciones vitales del cuerpo. Su exposición crónica se ha asociado con obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardíacas y cáncer.
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud advierten que estos compuestos son uno de los factores ambientales más relevantes detrás de las enfermedades metabólicas actuales. No se trata de alarmismo: la ciencia respalda estas advertencias.
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