Otro aspecto que emerge con fuerza es la manera en que Shakira fomenta la expresión emocional. Milan y Sasha se sienten cómodos hablando de lo que sienten, de lo que los entusiasma y también de lo que les preocupa. Esa apertura no surge al azar: es el resultado de una crianza basada en la empatía, el respeto y la comunicación constante. Los niños reconocen que pueden ser ellos mismos sin miedo al juicio.
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