Una semana después del funeral, la tristeza de Mollie se vio interrumpida cuando un desconocido apareció en la puerta con un último ramo de flores y una carta críptica de Thomas. En la nota confesaba que había mantenido un secreto durante años, proporcionaba una dirección y urgía a Mollie a ir allí de inmediato. Asustada y con el corazón roto, Mollie temió lo peor, imaginando que su difunto esposo había llevado una doble vida o tenido otra familia. Sus miedos se intensificaron al recordar las largas ausencias de Thomas los sábados durante los últimos tres años: temía que él los hubiera pasado en brazos de otra mujer en lugar de paseando por un mercado de flores.
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