Un error común es creer que una casa llena de familiares garantiza bienestar. La realidad es otra: la calidad del entorno pesa más que la cantidad de convivientes. Un hogar seguro, accesible, funcional y estimulante protege la autonomía y previene accidentes, dependencia y tristeza.
Escaleras peligrosas, baños mal adaptados o espacios poco prácticos pueden limitar más que la soledad. Diseñar el entorno adecuado es una estrategia de salud a largo plazo.
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