Tras el divorcio, Valeria se fue de esa casa. Cambió de ciudad, de entorno, de ritmo. Se permitió estar triste, pero no derrotada.
Con el tiempo, recuperó algo que había perdido sin darse cuenta: la tranquilidad. Ya no había dudas, ni silencios incómodos, ni explicaciones forzadas.
Había perdido dinero.
Pero había recuperado su identidad.
Leave a Comment