Todos observaron en silencio.
Mostré varios documentos. “La mejor amiga de Linda escribió una carta apoyando la clemencia. El instructor de emergencias médicas de Linda le ofreció a Marcus un puesto de voluntariado comunitario. Mi esposa escribió una carta solicitando que Marcus quedara bajo nuestra custodia mientras termina sus estudios y realiza el servicio comunitario”.
La sala del tribunal estalló en incredulidad.
El juez se recostó. “Permítame ser claro, señor Patterson. ¿Quiere que el adolescente que mató a su hija viva en su casa?”
—Sí —respondí—. Mi esposa y yo sí.
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